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Buena ciencia, mala ciencia y publicidad engañosa

En este episodio del podcast Ser Saludable, Sara Tabares charla con José Miguel Mulet sobre un tema que sigue siendo […]

Publicidad engañosa en el entrenamiento

En este episodio del podcast Ser Saludable, Sara Tabares charla con José Miguel Mulet sobre un tema que sigue siendo muy actual: cómo diferenciar la ciencia de verdad de los mensajes que solo lo parecen y cómo detectar la publicidad engañosa en salud, porque no todo lo que suena profesional o menciona un estudio científico es realmente fiable.

Vivimos rodeados de promesas sobre salud. Productos que aseguran mejorar el rendimiento, métodos que dicen estar avalados por la ciencia y tratamientos que se presentan como la solución definitiva. El problema es que muchas veces se utiliza el lenguaje científico como reclamo, no como prueba. Y ahí es donde empiezan la confusión y la publicidad engañosa.

El punto de partida del episodio es sencillo, pero importante: si la mayoría de la gente no sabe cómo funciona la investigación científica, es mucho más fácil que acabe creyendo mensajes mal planteados, titulares exagerados o estudios sacados de contexto. No hace falta ser investigador para entender lo básico. Pero sí conviene saber cómo se construye una evidencia y qué señales deberían hacernos desconfiar.

Qué pasa cuando un científico descubre algo

A veces parece que la ciencia funciona a golpe de hallazgo. Un equipo descubre algo, un medio lo publica y de repente esa idea empieza a circular como si ya fuera una verdad indiscutible. Pero el proceso real es más lento.

Cuando un investigador consigue un resultado interesante, el trabajo no termina ahí. Ese hallazgo tiene que escribirse, justificarse y enviarse a una revista científica. Y antes de publicarse pasa por una revisión en la que otros especialistas valoran si el estudio está bien hecho, si las conclusiones se sostienen y si faltan pruebas o matices.

Esto es importante porque la buena ciencia no consiste solo en decir que has descubierto algo. Consiste en poder explicarlo y dejar que otros revisen lo que has hecho. Si no existe ese filtro, lo que queda es una afirmación. Puede ser verdad o no, pero todavía no tiene el respaldo que mucha gente da por hecho cuando escucha la palabra ciencia.

La revisión por pares: por qué no todas las publicaciones valen lo mismo

Uno de los puntos más útiles del podcast es precisamente ese: entender qué significa que un artículo haya sido revisado por pares. En teoría, ese sistema sirve para que otros científicos del mismo ámbito evalúen la calidad del trabajo antes de que se publique. Pueden pedir cambios, más experimentos o incluso rechazarlo si no cumple el nivel exigido.

Sobre el papel suena bien, y de hecho sigue siendo uno de los filtros más importantes que tiene la ciencia. El problema es que no todas las revistas tienen el mismo prestigio ni funcionan igual de bien. Hay publicaciones muy exigentes y otras que apenas filtran nada. Y eso abre la puerta a una confusión bastante peligrosa: pensar que todo lo publicado tiene el mismo valor.

Ahí entra en juego una de las trampas más habituales. Se menciona una revista científica, se enseña un titular o se repite que hay estudios, pero no se explica ni qué revista es, ni qué calidad tiene, ni si el trabajo realmente demuestra lo que se está vendiendo. Y claro, para el lector que no está acostumbrado a mirar esas cosas, todo parece igual de serio.

Publicidad engañosa: cuando la ciencia se usa como disfraz

La publicidad engañosa muchas veces solo necesita apoyarse en palabras que parecen fiables: estudios, resultados, expertos o evidencia. Suena convincente, sí, pero una cosa es tener pruebas de verdad y otra usar ese tono científico para dar más credibilidad.

Mulet pone un ejemplo muy claro con los productos milagro. Cuando alguien asegura que algo cura, mejora o previene una enfermedad, lo importante no es que el mensaje suene convincente, sino comprobar si existe un estudio serio que lo respalde. No es la primera vez que en Ser Saludable hablamos de algo así, porque ya dedicamos otro podcast a los suplementos nutricionales y a todo lo que prometen sin estar siempre tan respaldados como parece.

No se trata de sospechar de todo, sino de pedir una prueba mínima cuando alguien hace una promesa grande. Porque cuanto más espectacular es la afirmación, más sólido debería ser el respaldo que la sostiene.

Por qué un estudio científico no basta para demostrar algo

Otro error muy común es pensar que un solo estudio zanja un debate. En realidad, la ciencia funciona mejor cuando muchos trabajos van apuntando en la misma dirección. Un estudio puede ser interesante, abrir una línea nueva o aportar una pista útil. Pero es raro que se convierta en una verdad absoluta.

Esto pasa mucho en salud, nutrición o entrenamiento. Sale un estudio llamativo, se convierte en titular y durante unos días parece que ha cambiado todo. Después llegan otros trabajos, revisiones más amplias o intentos de reproducir esos resultados, y la historia ya no es tan simple.

Placebo y doble ciego: claves para entender un estudio científico

En el episodio también se explica algo que ayuda mucho a entender por qué algunos estudios son más fiables que otros: el efecto placebo y el doble ciego.

Cuando se prueba un tratamiento, no basta con que una persona diga que se encuentra mejor. En medicina y en salud influyen muchos factores: las expectativas del paciente, la atención que recibe, la evolución natural del problema o incluso el simple hecho de sentirse observado. Por eso los ensayos clínicos intentan aislar esas variables.

En un estudio doble ciego, ni el paciente ni el profesional saben quién está recibiendo el tratamiento experimental y quién forma parte del grupo de control. Así se reduce el riesgo de que las expectativas distorsionen el resultado.

Los testimonios, las experiencias personales y frases como a mí me funcionó pueden resultar convincentes, pero no tienen el mismo valor que un estudio bien diseñado.

Publicidad engañosa y estudios con intereses detrás

Mulet habla de algo muy conocido dentro del mundo de la investigación: los resultados positivos suelen tener más recorrido que los negativos. Si un experimento no descubre nada especialmente llamativo, es más difícil que reciba atención. Si encaja bien con un interés comercial, puede difundirse mucho más. Esto significa que conviene entender que la evidencia no siempre llega al público de forma neutra.

La diferencia importante está en que la ciencia, aunque no sea perfecta, tiene mecanismos de corrección. Si un estudio falla, no se puede reproducir o directamente contiene errores graves, con el tiempo pierde peso e incluso puede retirarse. La buena ciencia tiene esa capacidad de rectificar. La mala ciencia, no. Solo cambia de discurso y sigue adelante.

Cómo evitar la publicidad engañosa sin ser experto

No hace falta tener una formación científica para detectar señales de alerta. Muchas veces basta con pararse un momento y hacerse unas preguntas muy básicas.

¿Se cita el estudio de forma concreta o solo se habla de la ciencia en general?
¿La afirmación suena prudente o parece demasiado buena para ser verdad?
¿Se intenta informar o vender algo a toda costa?
¿Hay una investigación detrás o solo una promesa envuelta en palabras técnicas?

La publicidad engañosa suele funcionar mejor cuando no preguntamos, cuando damos por bueno un mensaje solo porque suena profesional o porque menciona un estudio científico. Pero la ciencia no debería usarse como un reclamo ni como un adorno para hacer más creíble cualquier promesa.

Al final, esa es una de las ideas más útiles que deja este episodio de Ser Saludable: aprender a distinguir entre buena ciencia, mala ciencia y publicidad engañosa no es algo reservado a expertos. Es, simplemente, una forma sensata de protegernos mejor.

Fuente del contenido

Sara Tabares Directora Deportiva y entrenadora personal de Performa. (Graduada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte – Col. COLEFCV n.º 62.850 –, Licenciada en Periodismo y Doctorando en Ciencias de la Salud).

José Miguel Mulet, bioquímico e investigador en el CSIC.



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