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El otro desafío del cáncer: vencer el miedo al ejercicio físico

El otro desafío del cáncer vencer el miedo al ejercicio físico

El otro desafío del cáncer vencer el miedo al ejercicio físico

En una sala de oncología, la vida se percibe de otra manera. Especialmente frente a el desafío del cáncer Mientras se esperan resultados médicos, lo realmente importante cobra sentido. El concepto de “maratón” cambia: ya no son 42 kilómetros, sino retos personales como volver a moverse tras una cirugía, salir a caminar o acudir a entrenar en pleno tratamiento. 

Así lo refleja Sara Tabares en un episodio de SER Saludable, donde junto a expertos como el doctor Joaquín Gavilá, el entrenador Jorge García y el especialista en ejercicio oncológico Mario Redondo, se analiza el papel del ejercicio físico en pacientes con cáncer. 

El desafío del cáncer no es únicamente médico, sino también conductual, especialmente cuando se trata de recuperar el movimiento y la confianza en el propio cuerpo. 

El ejercicio físico como prevención de el desafío del cáncer  

El ejercicio físico no es solo una recomendación general: es una herramienta necesaria en la prevención de enfermedades, incluido el cáncer. 

Tal y como explican los expertos, la actividad física ayuda a reducir factores de riesgo como la obesidad y las enfermedades metabólicas, ambos estrechamente relacionados con el desarrollo de distintos tipos de cáncer. 

Las recomendaciones no difieren de las pautas generales de salud: 

  • 150 minutos de actividad moderada a la semana 
  • o 75 minutos de actividad intensa 
  • combinados con entrenamiento de fuerza al menos dos días 

El objetivo no es solo evitar el sedentarismo, sino mantener una capacidad funcional que permita moverse con libertad y sin dolor. 

¿Por qué los pacientes dejan de hacer ejercicio? 

Uno de los grandes problemas en el contexto oncológico es el abandono del ejercicio. 

Según explica el doctor Joaquín Gavilá, solo una de cada tres pacientes mantiene la actividad física, y muchas la abandonan al empezar el tratamiento. Esto suele deberse a efectos secundarios como: 

  • cansancio 
  • dolor articular 
  • fatiga general 

Sin embargo, este abandono genera un círculo negativo: 
Menos movimiento, más fatiga, más dolor, menor capacidad física 

Frente a esto, el ejercicio no solo es seguro, sino que mejora la tolerancia al tratamiento y reduce síntomas como la fatiga o las artralgias. 

Barreras: miedo, desconocimiento y falta de adherencia  

Uno de los mayores obstáculos no es físico, sino psicológico. Mario Redondo señala que el miedo y el desconocimiento son las principales barreras, junto con factores comunes como la falta de tiempo o motivación. 

Aquí entra un concepto clave: la adherencia. 

No basta con empezar a entrenar, hay que mantenerlo en el tiempo. Y para ello, la educación y la concienciación son fundamentales. El ejercicio no siempre es divertido, pero sí es terapéutico. Por eso se define como una auténtica polipíldora; una intervención que impacta en múltiples áreas de la salud. 

En muchos casos, el verdadero reto pasa por vencer el miedo al ejercicio fisico, especialmente durante el tratamiento, cuando la percepción de fragilidad aumenta. 

Entrenamiento de fuerza y linfedema en el desafío del cáncer 

Uno de los mitos más extendidos es que los pacientes con linfedema no deben levantar peso. 

Sin embargo, la evidencia científica actual demuestra lo contrario: 
El entrenamiento de fuerza, bien prescrito, no sólo no empeora la linfedema, sino que puede ser beneficioso. 

Además, mantener masa muscular es fundamental, ya que: 

  • mejora el metabolismo 
  • reduce el riesgo de obesidad 
  • aumenta la supervivencia 
  • mejora la tolerancia a los tratamientos 

El músculo no es solo estructura: es un órgano clave en la regulación del organismo. 

Beneficios durante el tratamiento de el desafío del cáncer  

El impacto del ejercicio físico durante el tratamiento es amplio:  

Beneficios físicos  Beneficios psicológicos  Beneficios en el tratamiento  
Reducción de la fatiga  Reducción de ansiedad y depresión  Mejor tolerancia a quimioterapia y hormonoterapia  
Mejora del sistema inmunológico  Mejora del sueño  Disminución de efectos secundarios  
Control del peso corporal Mayor sensación de bienestar  Mayor adherencia al tratamiento  
Mejor capacidad cardiorrespiratoria Aumento de la autoestima y la sensación de control Reducción del deterioro cognitivo asociado a la quimioterapia  

La importancia de la individualización del ejercicio en pacientes oncológicos 

Uno de los mensajes clave del programa es que no existe una única receta. 

El ejercicio debe adaptarse a cada persona: 

  • tipo de cáncer  
  • fase del tratamiento  
  • estado físico  
  • edad  

Un programa personalizado puede ser diferente en un entrenamiento genérico y uno realmente efectivo. 

Prevención desde la infancia y atención a mayores 

Los expertos también destacan la importancia de actuar desde edades tempranas. La obesidad infantil y el sedentarismo son factores que aumentan el riesgo futuro de enfermedades, incluido el cáncer. 

Por otro lado, los pacientes de edad avanzada requieren especial atención, ya que el deterioro físico es mayor y necesitan un enfoque aún más adaptado. 

Desmontando mitos sobre el cáncer 

Durante el programa también se abordan algunas creencias erróneas: 

  • El cáncer no es contagioso  
  • El wifi no causa cáncer  
  • La exposición solar sí es un factor de riesgo para el cáncer de piel  

Combatir la desinformación es importante para tomar decisiones informadas 

La vivencia del paciente oncológico: el ejercicio como apoyo en el proceso 

Más allá de la teoría, el impacto real del ejercicio en el desafío del cáncer se entiende a través de quienes lo viven. 

El testimonio de Agatha, paciente con cáncer de mama y entrenada por Sara Tabares en Performa Valencia, refleja cómo el entrenamiento se convierte en un acompañamiento constante durante todo el proceso, adaptándose a cada momento: desde entrenamientos completos hasta ejercicios desde una camilla en los días más difíciles. El enfoque final rompe con una idea muy extendida: el cáncer no es una lucha, sino un proceso que requiere adaptación, acompañamiento y toma de decisiones constantes. 

El ejercicio físico es una herramienta terapéutica importante, no solo por sus beneficios físicos, sino por su impacto en la autonomía, la funcionalidad y la capacidad del paciente para mantener una vida lo más normalizada posible durante el tratamiento. 

Tal y como reflejan tanto los expertos como los propios pacientes, el objetivo no es alcanzar un rendimiento determinado, sino preservar la calidad de vida, mejorar la tolerancia a los tratamientos y mantener la capacidad de movimiento en cada fase del proceso. El ejercicio, bien prescrito y adaptado, deja de ser una opción para convertirse en parte del abordaje integral del paciente oncológico. 

Fuente del contenido: 

Sara Tabares: Directora Deportiva y entrenadora personal de Performa. (Graduada en Ciencias de la Actividad y el Deporte – Col. COLEFCV n.º 62.850- Licenciada en Periodismo y Doctorado en Ciencias de la Salud)   

Berta Díaz: Divulgadora y comunicadora. Enfocada en visibilizar enfermedades crónicas y el sesgo de género en salud.    

Doctor Joaquín Gavilá: Especialista en Oncología Médica y exjefe clínico del Servicio de Oncología Médica del Instituto Valenciano de Oncología (IVO). 

Mario Redondo: Especialista en ejercicio físico aplicado a pacientes oncológicos y enfermedades crónicas. 

Jorge García: Fisioterapeuta especializado en movilidad y prevención de lesiones. 

Luis Boya: Comunicador y colaborador en contenidos de salud y bienestar en SER Saludable. 

Kike Encina: Entrenador personal y especialista en fuerza y movilidad. 

Agatha: Paciente oncológica y testimonio participante en el programa SER Saludable.



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