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¿Lujo o necesidad? Lo que reveló Las Provincias sobre el precio de cuidar tu salud 

Las Provincias publicó recientemente un reportaje que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿es hoy el deporte un privilegio reservado […]

Lo que reveló Las Provincias sobre el precio de cuidar tu salud

Las Provincias publicó recientemente un reportaje que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿es hoy el deporte un privilegio reservado a quien puede pagarlo? Para responderla, el periódico no se quedó en cifras: siguió a dos personas que entrenan de formas radicalmente distintas y habló con varios profesionales del sector en Valencia, entre ellos Sara Tabares, directora de Performa. El resultado es un retrato honesto de por qué, para algunas personas, los entrenamientos personalizados en Valencia no son un capricho, sino la única forma segura de moverse. 

Lo que dicen los números 

El reportaje arranca con un dato de la OCU: en 2023, de las 28 capitales de provincia analizadas, Valencia resultó ser la segunda más cara para practicar pádel, musculación, natación o pilates en instalaciones municipales, solo por detrás de Barcelona. En el sector privado, el coste medio sube entre un 20% y un 30% respecto a la oferta pública, aunque a cambio ofrece más flexibilidad y actividades incluidas en una misma cuota. 

Son cifras que confirman algo que cualquiera que haya buscado gimnasio en la ciudad ya sospechaba: moverse en Valencia tiene un coste, y ese coste varía mucho según el nivel de atención que se busque. 

Dos formas de entrenar, dos necesidades distintas 

El artículo construye su argumento a través de dos historias. Carla, policía local de 28 años, entrena en parques de calistenia públicos y paga poco más de diez euros al mes por su gimnasio de barrio; para ella, el sentido común y la información que ha ido reuniendo por su cuenta son suficientes. Claudia, interiorista de 57 años con osteoporosis, lleva doce años entrenando en Performa porque, tras dar a luz, los gimnasios convencionales la dejaron «perdida y desatendida». 

Ninguna de las dos está equivocada. El reportaje deja claro que la pregunta no es «¿cuánto cuesta entrenar?» sino «¿qué necesita mi cuerpo para entrenar bien?». Y ahí es donde entran en juego los entrenamientos personalizados en Valencia: no como una alternativa más cara al gimnasio de toda la vida, sino como la respuesta a un problema concreto que el entrenamiento genérico no puede resolver. 

Cuando la personalización deja de ser un extra 

En Performa, el modelo es claro desde 2002: una sola persona por sala y hora, seguimiento médico y endocrino incluido, y un precio que va desde los 160 euros mensuales (un día por semana) hasta el ticket medio de 300 euros para quienes entrenan dos días. Sara Tabares lo resume así: «Lo que tienen en común todas las personas que vienen aquí es que quieren invertir en su salud». 

Para Claudia, la pregunta de si le parece caro tiene una respuesta directa: lo compara con preguntarse si un Ferrari es caro frente a un Opel Corsa. «Mi seguridad y mi salud no tienen precio», explica. «Este gasto lo consideraría un lujo si yo estuviera súper bien físicamente, pero no es el caso, así que para mí esto es una necesidad». 

El caso de Julia, otra clienta del centro, es todavía más ilustrativo. Con 63 años y una osteoporosis severa derivada de una celiaquía no diagnosticada, cualquier clase grupal sin corrección postural inmediata supone un riesgo real de fractura. «Lo mío es entrenamiento personal por necesidad», resume. 

La metáfora del traje a medida 

Tabares utiliza una imagen que explica bien por qué el entrenamiento personalizado se cobra distinto al de una rutina estándar: las clases genéricas son como un traje comprado en una tienda de producción en cadena, mientras que un programa adaptado es un traje hecho a medida. «Siempre te sentará mejor», apunta. La misma lógica se aplica a los influencers que prometen rutinas universales: ignoran que cada cuerpo responde de forma distinta al ejercicio, lo que termina generando expectativas irreales y abandono. 

Rubén Gadea, CEO de Sanus Vitae, aporta una visión complementaria desde otro modelo de centro: «Cuando alguien paga más, no está pagando solo el entrenamiento. Está pagando que alguien piense por él, que el programa esté adaptado a su situación, que haya seguimiento real y que se reduzca el riesgo de lesión». En sus palabras, en un servicio low cost se paga por acceso; en un centro especializado, se paga por criterio. 

El otro lado: los riesgos de entrenar sin supervisión 

El reportaje no se queda solo en el argumento del valor añadido. También señala un problema real: el intrusismo laboral. Tabares advierte de sesiones grupales en espacios públicos dirigidas por personas sin titulación, donde el riesgo de lesión es alto y los precios —entre 5 y 10 euros la hora— ocultan, muchas veces, trabajo no declarado y entrenadores sin seguro de responsabilidad civil. 

Para detectar estas situaciones, propone fijarse en lo que llama el «cóctel peligroso del ejercicio»: deben saltar las alarmas cuando alguien promete una fecha concreta de resultados, un cambio físico garantizado y, sobre todo, que no habrá que esforzarse. Desde el Colegio de Licenciados en Educación Física de la Comunitat Valenciana (COLEF-CV) recuerdan que desde 2022 existe un censo público de profesionales que permite comprobar si quien te entrena tiene la titulación adecuada, precisamente para evitar que cualquiera pueda diseñar ejercicio para personas con patologías sin estar capacitado para ello. 

¿Y si no puedo pagar un centro especializado? 

El artículo es honesto en este punto: no todo el mundo necesita, ni puede permitirse, un servicio de entrenamiento personalizado. El presidente del COLEF-CV recuerda que los polideportivos municipales ofrecen actividades desde 20 euros al mes con bonificaciones según renta, y que el programa público «En Moviment» deriva a personas sedentarias o con ciertas patologías desde el centro de salud hacia programas de ejercicio supervisado en grupos reducidos. Los datos de eficiencia que cita son contundentes: cada euro invertido en actividad física ahorra hasta 115 euros en costes indirectos de salud. 

La recomendación de Gadea para quien no puede pagar un centro especializado va en la misma línea: moverse dentro de las propias posibilidades y, si es posible aunque sea de forma puntual, buscar asesoramiento profesional para aprender las bases correctamente. «La clave no es hacerlo perfecto, es no hacerlo mal», resume. 

La pregunta de fondo: ¿lujo o necesidad? 

El reportaje termina sin dar una respuesta única, porque no la hay. Para Carla, la mercantilización de la salud ha generado necesidades artificiales en buena parte de la población. Para Claudia y Julia, en cambio, no existe alternativa: su condición física convierte la supervisión profesional en una cuestión de seguridad, no de estética. 

Ahí está, probablemente, la conclusión más honesta de todo el artículo: los entrenamientos personalizados en Valencia no sustituyen al deporte accesible ni lo compiten, simplemente resuelven un problema distinto. Cuando una patología, una lesión, la edad o, simplemente, la necesidad de hacerlo bien desde el principio entran en juego, la pregunta deja de ser «¿lujo o necesidad?» y pasa a ser «¿qué tipo de acompañamiento necesito para entrenar sin hacerme daño?». Como recuerda Tabares, no se trata tanto de gastar más, sino de invertir en que alguien cualificado piense por ti. 

Si después de leer esto te preguntas qué tipo de seguimiento necesitas para entrenar con seguridad, en Performa puedes empezar por una valoración inicial con nuestro equipo de entrenadores, fisioterapeutas y médicos. Conoce más sobre nuestra directora, Sara Tabares, descubre otros artículos de Ser Saludable o lee también nuestra guía sobre ejercicios para evitar y tratar el dolor de espalda. 



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